Como mujer que soy, me interesa explorar el arquetipo de lo femenino. Desfragmentaría en mil pedazos un palimpsesto entre Ofelia y Medea. Ambas representan para mí la visión del Amor en dos versiones. Ofelia, como el amor puro y virginal; Medea como el amor intenso y enfermizo. Creo que todas las mujeres tenemos algo de Ofelia y Medea. Si parto de mi propia experiencia, se dirigiría más al amor enfermizo. Acá les dejo dos imágenes que grafican cómo veo a cada una de ellas. La primera es Ofelia. La segunda, Medea. Las fotos corresponden a una exposición de pintura realista que vi en Barcelona, en el Museo Europeo de Arte Moderno.
Teatro y dirección teatral
miércoles, 8 de agosto de 2012
martes, 7 de agosto de 2012
El laberinto de la Dirección Teatral
Me pregunto qué es dirigir.
Para mí, es la conceptualización de una dramaturgia.
Volver las letras a un elemento concreto.
Un traslado de miradas. De formas de ver. De convenciones de ver. Un traslape.
Es traducir lo que piensa el director de un determinado texto mediante una acción concreta.
Es entrar al laberinto y en vez de derrotar al Minotauro, hacerse parte de él.
El laberinto es el proceso. El "monstruo" figurado la obra misma.
Creo que estoy dentro del laberinto.
He comenzado el camino para llegar al Minotauro.
No obstante, no es difícil perderse si se tiene claro para donde va.
Puedo ver el laberinto desde arriba o desde las profundidades.
O mimetizarme en las paredes.
En mi tesina, definí la dirección como lo siguiente: "Se asume que el director teatral contemporáneo, como representador de realidades, asume una postura crítica para trabajar los códigos que se manifestarán en escena, ya sea textual, poética, sígnica, actoral o visualmente. Así, este rol es asumido de tal manera que transfigura la realidad activa y autónoma dentro del espacio escénico en el que el texto, el actor, el teatro y el lenguaje transforman al director en Autor de un concepto que deriva en una construcción escénica personal que parte desde un determinado texto dramatúrgico".
En la misma tesina coloqué en la portada un dibujo que representaba lo que yo entendía como concepto de dirección dentro del contexto de mi trabajo. Se puede ver en el print de pantalla que está a continuación:
Para mí, es la conceptualización de una dramaturgia.
Volver las letras a un elemento concreto.
Un traslado de miradas. De formas de ver. De convenciones de ver. Un traslape.
Es traducir lo que piensa el director de un determinado texto mediante una acción concreta.
Es entrar al laberinto y en vez de derrotar al Minotauro, hacerse parte de él.
El laberinto es el proceso. El "monstruo" figurado la obra misma.
Creo que estoy dentro del laberinto.
He comenzado el camino para llegar al Minotauro.
No obstante, no es difícil perderse si se tiene claro para donde va.
Puedo ver el laberinto desde arriba o desde las profundidades.
O mimetizarme en las paredes.
En mi tesina, definí la dirección como lo siguiente: "Se asume que el director teatral contemporáneo, como representador de realidades, asume una postura crítica para trabajar los códigos que se manifestarán en escena, ya sea textual, poética, sígnica, actoral o visualmente. Así, este rol es asumido de tal manera que transfigura la realidad activa y autónoma dentro del espacio escénico en el que el texto, el actor, el teatro y el lenguaje transforman al director en Autor de un concepto que deriva en una construcción escénica personal que parte desde un determinado texto dramatúrgico".
En la misma tesina coloqué en la portada un dibujo que representaba lo que yo entendía como concepto de dirección dentro del contexto de mi trabajo. Se puede ver en el print de pantalla que está a continuación:
El lunes, mientras la niebla colmaba la ciudad, pensaba en la alegría escondida. Esos anhelos oscuros que siempre provocan la felicidad del hombre. Una niebla dentro de un concepto de dirección podría ser utilizada en el sentido contrario de su significado en la naturaleza. Incluso hasta se podría revertir su imagen asociándola a la claridad más luminosa. La verdad estaría en la luminosidad de los personajes. Hablan de felicidad en medio de la bruma. Es el espesor de ella el que contendría toda la felicidad existente.
Era, ¿sabes? parecido a la felicidad. No necesariamente igual a ella. La humedad lo impregnaba todo. Las pequeñas gotas en la boca eran eso. Gotas de felicidad.
Pienso en imágenes todo el tiempo. Fotografías, puestas en escena, movimientos. Diálogos, no diálogos. Me han dicho que en sueños he relatado en voz alta la puesta en escena de un texto que no se acuerdan bien cuál es. Suelo hablar en voz alta cuando duermo. Me sucede que al leer un texto, automáticamente voy trasladándolo a imágenes al mismo tiempo que lo leo. A veces las imágenes tienen que ver con él. Otras veces nada que ver. Creo que más que construir escenas, las destruyo en cuanto voy leyendo un texto. Me imaginaba a Ofelia vestida de hombre, peinada a la gomina, dando la espalda al público, declarándole su amor a Hamlet con una copa de vino en la mano. O gente que corre mientras miles de textos de diversos autores son dichos en voz alta por un sinnúmero de actores. Tengo imaginación. No sé si eso servirá a la hora de dirigir. Quizás lo correcto sea encontrar la mezcla exacta entre imaginación, estructura e hilo conductor. Un triángulo. O una pócima perfecta. Un trabajo de laboratorio.
Para la tarea he elegido el texto de uno de mis dramaturgos favoritos: Jan Fabre. La obra es “Soy Sangre”. He elegido música medieval. Creo que le otorgará un ritmo al texto. Es música medieval que escuchándola provoca una cierta distorsión. Soy Sangre habla del cuerpo. Lo medieval negaba el cuerpo, lo escondía, lo ligaba a lo oscuro, a lo profano. Fabre, en este texto, expone el cuerpo. Es más, lo descuera y expone su sangre. La sangre, porque podría ser la sangre de cualquiera. O la tortura a la que podría ser expuesto cualquiera. Me gusta la sangre como elemento de inspiración teatral. El cuerpo, como elemento que une imagen con escena.
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